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AIRYSINDIK

Foto: Sergio Plácido

SERGIOPLACIDO

Foto: Sergio Plácido

AIRY SINDIK
EL AUTOR QUE NARRÓ LA PRIMERA INTIFADA DE LA PRIMAVERA ÁRABE

Melanie Gómez

Airy Sindik es el sociólogo y escritor mexicano que narró la primera intifada de la primavera árabe, cuando el pueblo saharaui sacudió al mundo con Gdeim Izik, el campamento que encendió la chispa en todo el norte de África.

Melanie Gómez

     “Después de que las estrellas me absorbieran hasta estar rodeado por sus luces, entro a la habitación y escribo…”

     Conocí a Airy cuando él aún tenía la idea de usar otro nombre de vez en cuando. Entonces me fue necesario cerrar los ojos para retener su imagen de nariz respingada, botas color carmesí, de cabello que bordea su rostro como telarañas alborotadas, de restos de desierto en sus ojos negros, de la arena del Sáhara impregnada en su piel. Con el tiempo llegué a saber el significado de su verdadero nombre. Supe incluso que Airy Sindik es el autor que narró la primera intifada de la Primavera árabe.

     Al leer Sin aire para el regreso tuve la impresión de que cada página abría paso al Sáhara, a un viento que arrasaba con todo a su paso. Desde entonces guardo el recuerdo de un desierto cuya imagen fue compuesta por palabras.

     Sin aire para el regreso es la novela en la cual Airy narra la travesía de Sax, un joven periodista de Ciudad Juárez que llega a Barcelona sin más expectativa que conciliar con una memoria herida. Tras el reencuentro con un viejo amigo se involucra en documentar la situación en los territorios ocupados del Sáhara Occidental.

     –Dejé todo absolutamente, dejé hasta mi nombre, me empecé a llamar Sax. El objetivo era viajar al desierto sin ningún referente que me impidiera ser atravesado por la diversidad que estaba conociendo –cuenta Airy, quien, al igual que el personaje principal, su heterónimo, en 2010 viajó a Barcelona, donde con un viejo amigo trabajó en la cobertura del conflicto que inicia entre fuerzas de ocupación marroquíes y miles de saharauis acampados en Gdeim Izik.

¿Sabes por qué nos llamamos saharauis? No… Somos los hijos de las nubes, nacemos donde nacen las nubes de lluvia, en el desierto.”

     La madrugada del 8 de noviembre de 2010, saharauis fueron desalojados con violencia del campamento por orden del Rey Mohamed VI utilizando al ejército, guardias secretas y fuerzas policiales marroquíes, quienes posteriormente incendiaron Gdeim Izik con mujeres, niños y ancianos aún dentro. Dicho asalto detonó el levantamiento del pueblo saharaui, la primera intifada contra lo que continúa siendo la presencia de la ocupación marroquí en el Sáhara Occidental, iniciada en 1975. Más adelante se sucedieron otros enfrentamientos en El Marsa, Smara y El Aaiún.

     Airy colaboró en la Radio Nacional Saharaui, a la par que documentó los testimonios de sobrevivientes del campamento de Gdeim Izik, buscando la manera de contar las realidades en guerra.

            -¿Por qué escribir una novela, por qué contarlo de esa forma? –pregunto.
            – Me parecía un poco ilógico contar las cosas como las contamos normalmente, como una noticia, como un hecho violento, como un hecho histórico. Lo que yo buscaba contar sobre el Sáhara me costaba trabajo contarlo por esta capacidad de vincular. Cuando yo llego a Argelia y llego al Sáhara Occidental lo que me sucede es el conflicto del estar traduciendo lo que soy en una revuelta regional. Y esa traducción es la novela. Responde Airy.

     Con Sin aire para el regreso Airy fue invitado al Fellowship Istanbul 2019. La novela está a la espera de una “casa” para ser publicada después de haber agotado el primer tiraje de 250 ejemplares impresos por la Universidad de Guadalajara (UdG).

     Al utilizar la investigación periodística en conjunto con las herramientas de la narrativa literaria, Airy Sindik se presenta como un disidente para ambos géneros en su búsqueda por contar, cuestionar, comprender y mostrar al lector una visión crítica de los hechos.

            –Si solamente concibe la verdad como un asidero el periodismo está perdido para mí. No hay una sola verdad, hay muchas verdades. Solo algunos periodistas entienden esto y construyen especulaciones, emociones, atmósferas, espacios donde el lector puede decidir qué hacer con esa verdad. Para mí la verdad no es un asidero, por eso hago literatura. Explica Airy.

     “Al cruzar la aduana ven mi estatus de ilegal, ven mi rostro demacrado por el frío y la falta de sol. Sellan el pasaporte y espero a que en los altavoces repitan el número de vuelo que me saque de aquí… Un retorcido sentimiento contra la gravedad desprende el avión que surca ese océano que nos separa con África. Observo el mar por la ventana.”

     Tiempo después de conocerlo me acostumbré al portugués, a las camisetas… supe que tenía dos perros y una manía por escribir sus ideas en pizarrones, cartulinas o en un puzle de letras que se adhieren con imán a su refrigerador. En cambio, conocer a Sax como personaje implica conocer nuevas palabras, términos, territorios, un nuevo lenguaje, implica retomar el pasado, desasirse de una patria personal y geográfica.

     A través del recorrido de Sax, Airy plantea un puente entre dos territorios distantes entre sí, culturalmente diversos, ambos inmersos en una guerra sujeta a la intervención de potencias externas. Sin embargo, para Airy existe una relación que elimina cualquier distancia entre Ciudad Juárez y el norte de África, se trata de “un diálogo entre dos desiertos sin Europa”, en cada desierto una lucha distinta que inspira a otras rebeliones posibles.

             –Creo que me estoy cuestionando todo el tiempo qué tipo de guerra es la que estamos contando en México. El principal objetivo de la novela es construir un puente que logre traducirnos un África de un latinoamericano en un desierto bajo un tipo de conflicto perenne, letárgico, y que se encuentra con otro conflicto perenne, letárgico, en otro desierto. Ambos atrapados en una narrativa que no les pertenece –cuenta Airy.

     Airy es el autor mexicano que narró cómo el pueblo saharaui sacudió al mundo con Gdeim Izik, la chispa que encendió a todo el norte de África. Cuando lo conocí me fue necesario cerrar los ojos para retener su imagen de nariz respingada, botas color carmesí, de cabello que bordea su rostro como telarañas alborotadas, de restos de desierto en sus ojos negros, de la arena del Sáhara impregnada en su piel.